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Como programador, la inteligencia artificial siempre me ha fascinado. Recuerdo en mi primer trabajo, durante los almuerzos con compañeros, fantaseábamos sobre cómo sería el futuro de la programación. Una idea que se repetía constantemente era la de poder hablar a los ordenadores con lenguaje natural, programar sin apenas tocar el teclado. Parecía ciencia ficción.

Se puede decir que ese momento ha llegado. Hoy es posible, usando un micrófono y herramientas como Claude o ChatGPT, especificar tareas y pedir cambios sobre la marcha. A esto se le llama "Vibe Coding": programar describiendo lo que quieres en lugar de escribirlo tú línea a línea.

Pero antes de dejarnos llevar por el entusiasmo conviene hacer una pausa. Las expectativas están muy por encima de la realidad y no conviene hacer caso a quienes tienen intereses económicos en inflar esas expectativas ni a quienes opinan sin haber desarrollado un proyecto informático desde cero.

Mis primeros pasos: generación de texto

Desde que surgió el primer GPT empecé a probar la generación de texto. Como programador, la creación de contenido escrito para clientes y páginas web propias siempre ha sido la tarea que menos disfruto y, por qué no decirlo, en la que me siento menos seguro.

Comencé a probar pero el resultado dejaba mucho que desear. Siempre había que editar, contrastar datos y corregir el tono. GPT fue mejorando con cada nueva versión y ChatGPT supuso un gran avance, pero hoy en día sigo leyendo, revisando y corrigiendo cada texto que genera.

El salto al código

Más tarde surgió la posibilidad de generar código y, como early adopter, me lancé a probarlo. Ocurrió algo similar a lo que viví con el texto: ChatGPT respondía con total confianza asegurando que su código era perfecto y funcional, pero la realidad era que la mayoría de las veces debías pasar horas corrigiendo, volviendo a dar instrucciones, empezando de cero y reescribiendo para que realmente funcionase.

Claude Code: un antes y un después

En mayo de 2025 Anthropic lanzó de forma pública Claude Code. Al principio no confiaba mucho en esta herramienta, pero después de escuchar y leer las buenas experiencias de otros desarrolladores, comencé a utilizarla en diciembre de ese año.

La diferencia respecto a lo que había probado antes fue notable. No perfecta, pero sí un salto cualitativo real en velocidad y calidad del código generado.

La metáfora del Copiloto

Microsoft acertó al llamar a su IA "Copilot". El concepto es claro: el usuario es el piloto principal de la nave y la IA es su copiloto. El piloto dirige, puede delegar tareas, pero es el responsable último del resultado.

Hablando con otros programadores y profesionales del ecosistema digital, esta metáfora refleja perfectamente la realidad actual. La IA no sustituye al humano, al menos no al cien por cien. Lo que hace es realizar a gran velocidad el trabajo que millones de programadores hemos hecho una y otra vez de forma manual durante años: escribir un formulario, montar una estructura de base de datos, crear componentes repetitivos. Lo hace mucho más rápido, pero siempre tiene que haber un humano al volante.

Lo que he aprendido hasta hoy

Después de meses integrando IA en mi flujo de trabajo diario, mi conclusión es que estamos ante una herramienta extraordinaria pero que requiere un piloto experimentado. Confiar ciegamente en ella trae problemas serios, y de eso precisamente hablaré en mi siguiente artículo: los errores reales que he cometido y las lecciones que me han dejado.

La IA ha cambiado mi forma de trabajar. No como imaginábamos en aquellos almuerzos, pero de una forma igualmente fascinante.

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